
Planta herbácea de la familia de las asteráceas, también llamada achicoria amarga, es apreciada en Navarra sobre todo por aquellos que no temen jugar con ese punto de amargor. Italianos, y muy especialmente sicilianos, también se han dejado seducir desde tiempos inmemoriales por este sabor sutil, delicado y casi medicinal. Se puede comer cocida al vapor para que no pierda sus propiedades y condimentada con un poco de aceite de oliva, o las hojas internas de color blanco en ensalada. Tiene un gran poder depurativo y se le atribuyen capacidades desintoxicantes, lo que la convierte en una buena candidata para el día después de un exceso festivo. De la misma familia son la escarolas, el radicchio y la endibia. También se usan las raíces tostadas y molidas de algunas variedades de la achicoria para añadir al café.
Recomendación. Probarla en ensalada . Hacer un mezclum de achicoria, escarola y rúcula, y condimentar con una vinagreta de aceite de oliva virgen, vinagre de manzana y ajo picado. Se puede sustituir el ajo por un poco de mostaza de Dijón.
Quien nace con leyenda incorporada, tiene un airecillo alrededor que le acompaña y le eleva unos centímetros por encima del camino. Lo suficiente para respirar mejor y que su cabeza despejada asome por encima del resto. Domaines Lupier, el proyecto cariñoso de una pareja de San Martín de Unx, siempre será el vino que hizo que un reconocido crítico británico -hay de todo en la pérfida Albión- se levantara de la mesa y preguntase por él frente a botellas y botellas de bodegas llenas de barricas, medallas y experiencia. Casi nada. Si encima puedes decir que elaboras tu caldo en el sótano de tu casa, el mito está servido!




